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La madera, riqueza de la montaña navarra

1.- Obras en Tolosa

José Miguel Urcola, vecino de la villa de Tolosa, se había quedado en remate la construcción de la cimbra o armazón de un puente sobre la carretera, a la entrada del portal de Navarra a la llegada a Tolosa. Necesitaba para la obra maderas gruesas que compró en los montes de Tolosa y en los del pueblo navarro de Atallo. Pero en Atallo el celador y un peón caminero se oponían a que dejara a los lados del camino real los grandes troncos que había cortado para llevarlos a Tolosa. Como así lo hizo fue castigado con una crecida multa, similar en dinero a la que aplicaban a quienes abrían surcos en la carretera para cargar los troncos más cómodamente en los carros.

Urcola expuso en su defensa las dificultades que encontraba en plena montaña para colocar los carros fuera del camino, por “la posición costanera y pendiente” de los montes sobre todo en el término de Illarrasu. Fuera del camino no existía espacio suficiente para los carros, según Urcola, sabedor este de que infringía la ordenanza vigente en Navarra sobre conservación y policía de las carreteras generales, con la multa consiguiente que se aplicaba a los conductores que abrían surcos en los caminos, para meter en ellos las ruedas de los carruajes y facilitar de ese modo el cargamento de troncos.

El de Tolosa pensaba que no había cometido infracción cargando los carros al margen del camino, porque él había procurado dejar libre y desocupado “más de dos terceras partes” del mismo. Reconocía, eso sí, que había invadido el camino. Dolido por la multa se preguntaba si la tal ordenanza de Caminos no ponía trabas nada menos que al “libre trafico” de pasajeros y mercancías. Los vigilantes por su parte se reafirmaban en su denuncia: los troncos impedían el libre tráfico de los viajeros y más todavía en un camino de montaña.

2. La fábrica de Tolosa

Un año después, en 1845, se estaba construyendo también en la villa de Tolosa una fábrica nueva de paños. En los montes cercanos situados en los valles navarros de Aráiz y Larráun fueron comprados por Juan José Otegui, vecino de Gaínza, en la provincia de Guipúzcoa, un número considerable de robles para la edificación de la fábrica tolosarra.

En el verano de aquel año comenzó el comprador a la corta de árboles y al arrastre de los pesados troncos hasta el camino real. Para, después, como se ha dicho, “montarlos” en carros y llevarlos hasta Tolosa en la provincia de Guipúzcoa. Camino o carretera real cuyo mantenimiento dependía de las dos Diputaciones y por ello, en el caso de Navarra, aquí debía Otegui pedir permiso para usar la vía y hacerse responsable de los posibles daños en el trasporte de la madera.

Aquellos troncos largos y pesados con gran esfuerzo eran bajados del monte hasta la carretera y colocados en el lugar más apropiado para cargarlos en carros, como se ha dicho. A veces también eran llevados “rastreando” por el suelo, en pesadas faenas de tiro mayormente por bueyes y caballos percherones. No hubo en este caso disputa con el contratista. Este se había comprometido por adelantado a pagar los daños que troncos y maderas ocasionaran en el camino real, así como el deterioro de pretiles y paredes laterales que lo protegían o bien realizaría a su costa las necesarias obras de reparación.

El entonces director de Caminos de la Diputación provincial de Navarra, el arquitecto Pedro Ansoleaga, padre del también arquitecto Florencio, en los dos casos tuvo la última palabra, que desconocemos.

Juan Jesús Virto Ibáñez

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