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El sauce protector

Pocos rincones de Pamplona guardaremos en la memoria los chicos de mi tiempo, con más nostalgia, que el rincón del Arga, el de la “piedricas”, junto al Molino de Caparroso, la herrería de Salvador Pinaqui, con su vetusta chimenea, dónde cantaba jotas Julián Gayarre, dónde aprendimos a hacer chipichapas como una incomprensible fantasía. Allí, la pasarela rústica de piedras talladas regulares, separadas para ágiles saltarines; evocación de aventuras de riesgo para pasar al otro lado del rio; búsqueda de ranas y alevines; camino secreto para volver, ya de mozos, de anochecida con urgencia, del baile de las fiestas de Burlada. Hoy transformadas en elegante pasarela corrida de cemento, sin emoción, sin riesgo: son tiempos de seguridades.

Más tarde los obligados paseos por el Arga, un río recuperado para la Ciudad en los noventa, es rincón obligado de reposo, de serena meditación, evocación de la infancia. En una pequeña isla de cantos rodados en el centro del rio surgió solitario, por su cuenta, un hermoso sauce con los pies bañados en el agua, riqueza para sus llorosas ramas, que durante años vio pasar las aguas tranquilas o acometidas.

Lugar de evocación soñada de aquel libro de lecturas de las primeras letras, en los escolapios, con don Jesús, lleno de enseñanzas y parábolas de fabulas morales que impregnaban el alma, de final feliz, como aquella de Felipe Jacinto Sala (1819-1895) del niño que cae en el proceloso río de la vida, pero concluía:

El niño otra vez peligra,
pero el sauce protector
sus tiernas ramas inclina
ayudándole a salir
de las aguas cristalinas.

En los agostos sacaba sus pies, lucía su tronco y su larga cabellera, para de nuevo aguantar las cometidas invernales; y así muchos años hasta que un día enfurecido el río, lo derribó.

Recuerdo verlo tumbado con sus ramas y hojas enhebradas todavía dando belleza y verdor, arrumbado sobre el lecho. Pocos días después ya estaba diseccionado y retirado; hoy queda el vacío. Pero la bella estampa de sus años mozos guardada está ya en el álbum íntimo del recuerdo. Descanse en paz.

José Javier Viñes Rueda

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